La luz artificial de la habitación resultaba sufiente para ver. 28 años llevaba colgada aquella lampara blanca, de forma angulosa, con el dibujo de un niño que viste camisa a rayas y toca sonriente su chelo. Vivo el mes de Octubre más caluroso que he conocido, y el día se ha presentado tíbio y sereno. Miro fotos, objetos, pendientes, perfumes, camisas. Repaso los sms del teléfono y sonrio cuando pulso "atrás". "Atrás ni para cojer impulso", decían nuestros abuelos, que por nuestros y por abuelos, eran sabios.
El día es más corto de lo que me hubiera gustado. El cambio de hora precipita la llegada del atardecer mientras miro el reloj. Las siete y media, hora de marchar. Cojo el bolso y dudo entre cargar con la chaqueta o seguir disfrutando de mi feliz otoño. Otra vez será. La dejo en la silla. Salgo de la habitación apresurada, y mientras agarro el tirador de la puerta algo me detiene. Soy yo y me estoy mirando. Me miro y me estudio como pocas veces suelo hacerlo. Me estoy mirando. Llevaba tiempo sin hacerlo. O no. Creo que lo hago desde que empecé a descubrir a Pilar, la gran desconocida de mi vida. Me miro y me lanzo un beso. Muak. 28 años, porque yo lo valgo.
El día es más corto de lo que me hubiera gustado. El cambio de hora precipita la llegada del atardecer mientras miro el reloj. Las siete y media, hora de marchar. Cojo el bolso y dudo entre cargar con la chaqueta o seguir disfrutando de mi feliz otoño. Otra vez será. La dejo en la silla. Salgo de la habitación apresurada, y mientras agarro el tirador de la puerta algo me detiene. Soy yo y me estoy mirando. Me miro y me estudio como pocas veces suelo hacerlo. Me estoy mirando. Llevaba tiempo sin hacerlo. O no. Creo que lo hago desde que empecé a descubrir a Pilar, la gran desconocida de mi vida. Me miro y me lanzo un beso. Muak. 28 años, porque yo lo valgo.
26/10/2009
